Palabras de Díaz-Canel Bermúdez, ante la sociedad civil excluida de la IX Cumbre de las Américas

El Primer Secretario del Partido y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, se reunió con representes de la sociedad civil  cubana, a propósito de que esta fuera excluida de la IX Cumbre de las Américas.

En esta cita participaban la MSc. Arq. Mercedes Elesther, y el Dr. Ing. Antonio Ferrás, presidenta y vicepresidente de la UNAICC, respectivamente. La asociación forma parte de la Sociedad Civil Cubana.

Al iniciar su intervención Miguel Díaz-Canel recordaba lo dejó escrito por José Martí, hace 130 años después de asistir a la Conferencia Monetaria, un convite interesado del pujante Estados Unidos a las jóvenes repúblicas de Nuestra América en aquel entonces.  En ese entonces, Martí había sido acreditado por el gobierno de Uruguay, país del que era cónsul general en Nueva York desde 1887, y al parecer, casi fue excluido por inexplicables demoras y excusas mentirosas del Departamento de Estado.   

“Cuando un pueblo fuerte quiere dar batalla a otro, compele a la alianza y al servicio a los que necesitan de él. Lo primero que hace un pueblo para llegar a dominar a otro, es separarlo de los demás pueblos.”

Aquella Conferencia fracasó. Y sobre ella, quien llegara a convertirse en nuestro Héroe Nacional, planteaba: “Creen en la superioridad incontrastable de «la raza anglosajona contra la raza latina». Creen en la bajeza de la raza negra, que esclavizaron ayer y vejan hoy, y de la india, que exterminan. Creen que los pueblos de Hispanoamérica están formados, principalmente, de indios y de negros. “Mientras no sepan más de Hispanoamérica los Estados Unidos y la respeten más, -como con la explicación incesante, urgente, múltiple, sagaz, de nuestros elementos y recursos, podrían llegar a respetarla-, ¿pueden los Estados Unidos convidar a Hispanoamérica a una unión sincera y útil para Hispanoamérica? ¿Conviene a Hispanoamérica la unión política y económica con los Estados Unidos?”.

El Primer Secretario del Partido y Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez en la reunión con los representantes  de la sociedad cubana hizo un  amplia reflexión histórica y en ella señalaba:

El dogma filosófico que siempre acompañó a esa insaciable ambición es el llamado Destino Manifiesto, arraigada convicción de naturaleza racista y supremacista, cuyo enunciado conceptual que le sirvió de contexto es la Doctrina Monroe.
Sin renunciar a ninguna de esas dos concepciones, el gobierno estadounidense convocó la IX Cumbre hemisférica en la ciudad de Los Ángeles, con participación discriminatoria e insuficiente representación regional.  
En el caso de Cuba, la exclusión no fue solo contra el gobierno, sino también contra los representantes de la sociedad civil y los actores sociales, incluidos nuestros jóvenes. Los Estados Unidos no se conforman ya con determinar quién y cómo debe ser el gobierno cubano. Ahora se proponen definir quiénes son los representantes de la sociedad civil, y qué actores sociales son legítimos y cuáles no.

Dijo  además el Presidente  cubano: Contra esta América Latina que llama las cosas por su nombre y no pide permiso para ejercer sus soberanos derechos, se elaboró la lista de los excluidos.

Nos honra encabezar esa lista junto a los líderes de Venezuela y Nicaragua y junto a ustedes, genuinos representantes de nuestro pueblo. Como nos honra la gallarda solidaridad de Andrés Manuel López Obrador, de Lucho Arce, de Xiomara Castro, de los líderes caribeños que han rechazado enfáticamente las exclusiones y de otros que seguramente lo harán en el transcurso de la propia Cumbre.   
En pocas horas podremos confirmar qué se logrará o qué propuestas se harán en Los Ángeles, más allá de la pompa inaugural y de la foto del Presidente anfitrión con quienes asistan. El espectáculo publicitario dirigido a la politiquería interna de los Estados Unidos no podrá ocultar la falta de interés real de ese gobierno por atender los problemas más graves e inmediatos de los pueblos de América Latina y el Caribe.

El dignatario aseguró también: Con el diseño previsto y los documentos preparados, ya se sabe que en el encuentro no se va a discutir o aprobar nada sobre la desigualdad económica y social de la región; sobre la marginalización, incluso dentro de los propios Estados Unidos. Se conoce que no se tratará el creciente problema de la judicialización de la política para sabotear la voluntad popular y a los gobiernos electos con el respaldo de los sectores más humildes, ni se tratará el esfuerzo corporativo de las grandes transnacionales para corromper a los gobiernos de la región.

No se profundizará en las razones por las cuales tanto los Estados Unidos como América Latina están entre las zonas más perjudicadas por la COVID 19.
Ninguno de los documentos presentados por el Departamento de Estado se propuso avanzar con acciones prácticas en la lucha contra el racismo, a favor de los derechos de la mujer y los niños, y para paliar la situación incierta de los migrantes.

El problema del progresivo cambio climático y los desastres naturales que tanto amenazan a los países de la región quedarán sin medidas prácticas.  El terrorismo, incluyendo el terrorismo de Estado, y la manipulación del tema con fines políticos no son puntos de la agenda. No se confirmará el derecho argentino sobre la Malvinas, ni el derecho de Puerto Rico a la independencia.

Más  adelante, manifestaba: Sin embargo, no se podrá silenciar la voz de Cuba, ni la solidaridad con Cuba.  Sabemos que el repudio al bloqueo económico se escuchará allí y que el gobierno de los Estados Unidos tiene clara conciencia de que ese sentimiento se comparte de un extremo a otro de este hemisferio.
Desde hace meses se hizo evidente que se perderá la oportunidad de aprovechar la presencia en Los Ángeles de los mandatarios regionales para discutir de verdad sobre muchos problemas que pesan sobre nuestras sociedades. Pudo haber sido de otra manera.
Y  aseguraba después: Al promover la necesaria unidad e integración regional, enraizamos el compromiso de respetar la diversidad entre nosotros.  En esta región compartimos países grandes y pequeños; los que son ricos en recursos naturales y los que carecen de ellos; los que exportan hidrocarburos o energía eléctrica y los que la importan; los grandes productores de alimentos y los que necesitan del comercio exterior para satisfacer sus necesidades. Además, están los pequeños países insulares que merecen un trato preferencial y diferenciado en la conducción de sus relaciones económicas internacionales.  

Tenemos en algunos casos profundas diferencias ideológicas, lo que no ha impedido el desarrollo de relaciones, e incluso, de la cooperación, tanto para resolver graves conflictos políticos, como para contribuir a resolver profundos problemas sociales y prestar servicios a las poblaciones más necesitadas. En 2014 asumimos en La Habana, por unanimidad, el compromiso con la Declaración de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.

Con esta vasta, rica y compleja región podrían los Estados Unidos cooperar y unir esfuerzos para enfrentar los grandes desafíos del mundo actual.  Pero tiene que ser con absoluto respeto a la igualdad soberana.

Los tiempos han cambiado y Nuestra América no acepta la imposición de los intereses del imperialismo, como no acepta que se nos utilice para los conflictos de los Estados Unidos con quienes identifica como rivales estratégicos en otras partes del mundo.
Nuestro pueblo tiene razones para preguntarse: ¿Por qué le prestamos atención a un evento que apunta a tener resultados de escasa trascendencia, con grandes ausencias entre los asistentes y del cual los Estados Unidos decidieron excluir de antemano a varios países de la región?.

El problema es que no podemos desconocer un esfuerzo adicional, aunque fallido, de reeditar la Doctrina Monroe, ni podemos dejar de denunciar la farsa de convocar una vez más a los países de la región para un espectáculo de tinte neocolonial.  Los Estados Unidos tienen la capacidad de impedir la presencia de Cuba en Los Ángeles, pero no tienen el poder de callar nuestra voz, ni de silenciar la verdad.

Nuestro pueblo ha estado al tanto de estos temas. Está informado como pocos y comprende la situación actual del hemisferio. Es partícipe de la política exterior y es el garante de la soberanía nacional y la independencia frente a la ambición hegemónica estadounidense.  Tiene, además, una vocación solidaria internacional y un derecho ganado a estar al corriente de los acontecimientos de la región.

Sesionará también en Los Ángeles, los días 8, 9 y 10, una Cumbre de los Pueblos.  Las informaciones que llegan indican que se tratará de un verdadero escenario de debate y confrontación de ideas, con una agenda amplia y apegada a las inquietudes más urgentes de la región en su conjunto, con la participación de organizaciones sociales, sindicatos, grupos juveniles, asociaciones comunitarias y personas con profunda conciencia social en general.  

Todo anuncia que allí ocurrirá el verdadero evento político trascendental y es en ese en el que lamentamos la imposibilidad de tener una participación presencial significativa.  Sabemos que la contribución de los cubanos hubiera sido un aporte importante y también sería una experiencia para ustedes al escuchar los problemas y los enfoques de los miles de participantes tan diversos que acudirán al foro.

En un momento como el que viven hoy los pueblos de América Latina y el Caribe, es juicioso volver a José Martí. 

Su ensayo imperecedero titulado “Nuestra América” tiene una vigencia que asombra. En él plasmó el apóstol enseñanzas para todos los tiempos. Dijo Martí: “…el deber urgente de nuestra América es enseñarse como es, una en alma e intento, vencedora veloz de un pasado sofocante, manchada sólo con sangre de abono que arranca a las manos la pelea con las ruinas, y la de las venas que nos dejaron picadas nuestros dueños. El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe”.

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