Para los cubanos, el tercer domingo de junio siempre es especial porque celebramos el Día de los Padres, jornada que no puede pasar por alto la Unión Nacional de Arquitectos e Ingenieros de la Construcción de Cuba, UNAICC, que felicita a todos sus asociados padres, padrastros, tíos y hasta amigos que con orgullo practican una paternidad responsable, en bien de los hijos, la familia y la sociedad.
Es este un día en que festejamos con nuestros padres si están a nuestro lado, nos comunicamos con ellos si los tenemos lejos, o los recordamos con mayor fuerza si ya abandonaron la vida.
Aunque es un tema conocido por muchos, creo que es oportuno traer, aunque sea en breves líneas, el por qué los cubanos festejamos la efemérides.
La primera correspondió al 19 de junio de 1938 por iniciativa de la poeta, periodista y pintora Dulce María Borrero, mujer de una significativa espiritualidad, quien estuvo siempre muy unida a su padre Esteban Borrero, también poeta, medico, patriota y sobresaliente intelectual de su época, amigo cercano a José Martí en sus ideales independentistas.
Años antes, en 1909, la norteamericana Sonora Dood tuvo la iniciativa de dedicar un día del año a los padres, la que fue recibida muy bien recibida en Cuba, donde se escogió al tercer domingo de junio, al igual que en otros países de América Latina y el Caribe, Estados Unidos, Canadá, y en naciones de Europa como Francia; Asia, incluyendo a la República Popular China, y África, a Etiopía, aseguran algunas fuentes.
Aparte del significado sentimental, y al igual que ocurrió con el Día de las Madres, los comerciantes acogieron también con beneplácito la celebración que podría reportarles, y de hecho así fue, buenos dividendos, y cada año mejoraban la gestión de venta para obtener más ganancias.
No puede negarse que la celebración del Día de los Padres está muy arraigada en Cuba.
De Dulce María Borrero mucho hay que decir. Fue una gran pedagoga, bibliógrafa, publicista, conferencista, dibujante y pintora de flores y naturalezas muertas, además de una sobresaliente luchadora de los derechos de las cubanas y en los artículos "La fiesta intelectual de la mujer, su actual significado, su misión ulterior" y "La mujer como factor de paz" defendió el excelente criterio de que sus contemporáneas tuvieran acceso a la educación y la cultura.
Nacida en 1883 solo publicó el poemario "Horas de mi vida", su mejor obra, que le valió el Primer Premio y Medalla de Oro de la Academia Nacional de Artes y Letras, institución de la que fuera miembro. Mucho colaboró con publicaciones como Cuba Contemporánea, Revista Bimestre Cubana, El Fígaro.
La poetisa, fallecía en La Habana el 15 de enero de 1945.
