Los profesionales nominados a los Premios Nacional de la UNAICC a la Vida y la Obra de las Ingenierías en sus distintas especialidades, fueron aprobados por los integrantes de la Junta Directiva Nacional de la organización.
La Sociedad de Ingeniería Civil, SIC, nominó por La Habana a César Octavio Rivero Lage, y a Roberto Adolfo Soto Laserna. Igual reconocimiento lo obtivieron Juan Francisco Camero García, y Pedro Andrés Orta Amaro, de Mayabeque y Villa Clara, respectivamente.
Por su parte, la Sociedad de Ingeniería Hidráulica, SIH, reconoce que tienen condiciones para optar por el alto estímulo los habaneros José Norberto Alberto Carrazana y Gervasio Rodríguez Martínez, y el holguinero Bartolomé Morales Cervantes.
La SIMEI, sociedad que agrupa a los especialistas de las Ingenierías Mecánica, Eléctrica e Industrial, nomina a Roberto Andrés Estrada Cingualbres, y Enrique Ochoa Bravo, ambos de Holguín, y a Luis Orlando Godó Bello, de la Isla de la Juventud.
La Sociedad de Ingeniería de las Geociencias y la Química, SIGEQ, distingue a los profesionales Francisco Andrés Rivero Reyes, de La Habana; a Josefa Primelles Fariñas, de Camagüey; a María Mirzia Lobaina Núñez, de Santiago de Cuba, y al avileño Víctor Manuel Rodríguez Jiménez.
El Premio Nacional de la UNAICC a la Vida y la Obra de las Ingenierías, tiene carácter individual, y se entrega cada año a los afiliados más sobresalientes del país, que hayan sido acreedores, con anterioridad, de la Distinción Profesionales de Alto Nivel.
Son requisitos a tener en cuenta para la selección: mantener una actitud consecuente con los principios revolucionarios; presentar aportes relevantes a su especialidad en el ámbito nacional e internacional; haber contribuido de forma significativa a la formación de nuevas generaciones de profesionales, y tener en su ejecutoria acciones y obras que prestigien a la UNAICC.
Debe señalarse además, que este alto reconocimiento pudiera otorgársele a afiliados fallecidos.
El Premio Nacional de la UNAICC a la Vida y la Obra de las Ingenierías, se entrega cada año el 11 de enero, a propósito del Día del Ingeniero Cubano, fecha seleccionada por corresponder al natalicio de Don Francisco de Albear y Fernández de Lara, el más notable ingeniero cubano del siglo XIX.
